6 tips para mejorar la expresión de tu empatía

Las personas que trabajamos en profesiones de carácter vocacional y al servicio de las personas, como por ejemplo la Educación Social, podemos caer en el error de creer que somos muy empáticas por naturaleza, pero ¿realmente sabemos expresar bien esa empatía que consideramos fundamental en nuestra labor diaria?

La empatía parece considerarse, generalmente, un rasgo de personalidad pero, aunque esto es cierto, es una habilidad social que comienza a adquirirse en la infancia, y va madurando progresivamente siempre que exista un correcto desarrollo emocional y social.⁣⁣ Es el resultado de la interacción de factores biológicos (personalidad y genética) y ambientales (comportamiento de los padres, clase social, nivel de ingresos, experiencias vividas, educación…) lo que provoca grandes diferencias en la capacidad empática entre unas personas y otras.

Como educadores, y en particular los que trabajamos con infancia y adolescencia, esto nos resulta muy interesante: numerosos estudios científicos demuestran que las experiencias en la infancia temprana desempeñan un papel esencial en la empatía.

Los niños y niñas que han sufrido maltrato, físico o psicológico y/o negligencia, es decir, los niños y niñas que han estado al cuidado de personas no empáticas, ya sean sus progenitores u otros cuidadores, no desarrollan de forma adecuada las vías cerebrales que regulan la emocionalidad y la empatía, lo que se correlaciona directamente con que los cerebros de estos menores estén más predispuestos a la violencia y tengan dificultades de aprendizaje, de regulación emocional y para socializar.

En consecuencia, para ser buenos educadores, ya sea como madres, padres, docentes, o educadores sociales, debemos trabajar nuestra capacidad empática.


En las últimas décadas, el concepto de empatía ha evolucionado mucho desde que el psicólogo Theodor Lipps lo introdujo a principios del siglo XX, gracias a los avances en neurociencias.

El descubrimiento de las neuronas espejo y su funcionamiento, a mediados de los 90, ha supuesto cambios en el concepto de empatía y hoy día se habla de ella como un constructo multidimensional conformado por tres aspectos que maduran progresivamente conforme avanza el desarrollo cerebral:⁣⁣

La empatía afectiva; que nos permite conectar con otras personas, hasta el punto de sentir lo mismo que están sintiendo y experimentarlo en nuestro cuerpo.⁣  

La empatía cognitiva; que nos permite asumir la perspectiva de otras personas, entender su estado mental y gestionar, al mismo tiempo, nuestras emociones mientras valoramos las suyas.⁣

La preocupación empática; va más allá y activa nuestro modo «acción» para ocuparnos de los demás y ayudarles: es una actitud compasiva.⁣

⁣En conjunto dan lugar a la empatía humana; la habilidad de comprender los sentimientos y emociones de los demás «poniéndonos en el lugar del otro» para entender una situación desde su perspectiva. Se trata de un proceso que implica, por un lado, la capacidad para compartir emociones con otros, de «contagiarse» de ellas, basada en la experiencia del otro como similar y, a su vez, la capacidad de comprender al otro como diferente, es decir, como un individuo cuyo mundo mental es distinto al propio.⁣⁣

¿Cómo comprobamos y mejoramos nuestra capacidad empática?

La empatía no es necesariamente estar de acuerdo, ni siquiera querer ayudar. A menudo confundimos empatía con simpatía.

Para mejorar tu capacidad empática:

1. Entrena tu escucha activa: es decir, escucha deliberadamente. Debes prestar, de forma literal, toda tu atención, y si la pierdes, regresa. No divagues ni desconectes (aquí es útil el entrenamiento en mindfullness).

2. «Escucha» no solo las palabras; hay que aprender a fijarse y leer el lenguaje no verbal (fórmate en comunicación no verbal) y a descifrar el mensaje implícito, ese que no se verbaliza, pero que está estrechamente ligado a lo emocional y los sentimientos.

3. No interrumpas. Interrumpiendo te pierdes información importante, debes escuchar la mayor parte del tiempo. Tampoco te anticipes, no termines frases, destierra prejuicios y no saques conclusiones anticipadas.

4. No des constantemente tu opinión. Ahora es el momento de escuchar. Tendemos a opinar para «escucharnos a nosotros mismos», pero el foco debes ponerlo en la otra persona.

5. Escucha el mensaje sin juzgar. Nadie está pidiendo tu valoración en este momento y además tú veredicto probablemente será injusto.

6. No critiques. A la persona que tienes enfrente no le hacen falta tu desaprobación ni tus reproches: no atiendas a lo que tú (o más bien tu ego) necesita decir.

Como puedes comprobar, los mayores enemigos de la empatía son:

🔴El egocentrismo y la simplificación a nuestra forma de ver el mundo y de sentir.

🔴El juicio.

🔴La crítica.

Para finalizar, me gustaría recordarte que poner en práctica tu empatía en tu espacio laboral, en mi caso como educadora social, resulta más difícil de lo que pueda parecer en un principio. Ser verdaderamente empático en determinadas situaciones y con algunas personas, requiere de un esfuerzo mental consciente que sostenido en el tiempo resulta agotador.

Así que no olvides que trabajas en equipo, nunca solo, y de aplicarte la empatía hacia ti misma/o cuando la necesites.

¡A entrenar tu empatía!

Paticipa, educa.

Cambiemos el mundo.

Bibliografía:

Educar en empatía, Luis Moya Albiol

Manual: Empatía, el arte de comprender emociones

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