7 diferencias en la intervención social con menores tutelados nacionales vs extranjeros

Partiendo de que los menores tutelados en España, tanto nacionales como extranjeros, son fundamentalmente varones y adolescentes (datos del observatorio de la infancia), quiero contarte por qué la intervención psicosocioeducativa con unos y otros es distinta.

Ahí van mis 7 principales diferencias:

1. El idioma.

Obvio, pero no por ello poco importante. La mayoría de los menores extranjeros tutelados en España son de origen marroquí. Le siguen en número Argelia, Guinea, Costa de Marfil, Mali… por lo general proceden de países del norte de África, pero también del África subsahariana, Oriente Medio y Europa del Este.

Como puedes imaginar esto supone una gran dificultad, porque entorpece enormemente la comunicación, la comprensión y el entendimiento. El diálogo, nuestra principal herramienta de intervención, resulta complicado. Hay numerosos malentendidos, o peor, sobrentendidos. Además, el idioma árabe no es fácil de dominar: la fonética y la escritura son totalmente diferentes del castellano y existen un sinfín de dialectos.

En este sentido, promover el esfuerzo y la motivación por aprender el idioma del país de acogida es parte fundamental de la intervención, pero hay chavales que lo viven como una renuncia a su identidad, así que generan resistencias. Aprenden castellano a sabiendas de que no les queda más remedio si es que quieren ser comprendidos.

Asumiendo esto, tengamos presente como educadoras/es que gran parte de la comunicación de la vida diaria es no verbal. Así que ojo, porque sin saber el idioma se pueden entender y transmitir actitudes y estados de ánimo.

2. Lo que sabemos de inicio.

Cuando un menor nacional ingresa en el sistema de protección de menores hay cantidad de informes técnicos previos: de los servicios sociales, médicos, psicológicos, psiquiátricos, etc. Ha existido un proceso anterior al establecimiento de esas medidas de protección y sabemos, más que menos, por dónde nos movemos.

Pero en el caso de un menor extranjero no acompañado vamos a ciegas; no hay nada más allá del nombre, nacionalidad, edad… y ni siquiera estos datos son del todo fiables: chicos mal identificados, datos falsos o errados…

Los informes de derivación (de un recurso a otro) arrojan un poco más de luz, pero tengo que decir que, por desgracia, muchas veces, leído uno, leídos todos. Desconozco los motivos, pero a menudo están muy “homogeneizados”: parece que siempre traten sobre la misma persona, contribuyendo así la deshumanización de estos chavales.

3. Los motivos por los que entran en el sistema de protección.

Básicamente nacionales y extranjeros son declarados en desamparo.

El desamparo de un tutelado nacional puede venir dado por uno o la combinación de varios motivos: abandono, maltrato, abusos… o cualquier otra situación gravemente perjudicial para el menor.

En el caso de un menor extranjero, el único motivo es encontrarse separado de sus padres y no el estar al cuidado de ningún otro adulto en nuestro país.

Pero ¿qué hay detrás de esta separación? ¿Hay “solo” escasas expectativas de futuro y pobreza extrema? ¿o hay maltrato, abusos…? ¿hay NEE…? Como decía en el apartado anterior, no sabemos nada. En algunos casos, lo iremos descubriendo sobre la marcha, pero os adelanto que los diagnósticos son pocos, sobre todo si los chavales están cerca de la mayoría de edad.

4. El contexto y el contacto familiar.

¿Qué sabemos de las familias? Pues lo que ellos nos cuentan. Hablan por teléfono y Whastapp. ¿Qué intervención se realiza? Poca. La intervención familiar es prioritaria en un menor tutelado español, siempre poniendo el interés superior del menor por delante, por supuesto; pero en el caso de un menor extranjero no lo es o, mejor dicho, no puede serlo.

¿Y qué hacemos? En mi recurso realizamos videollamadas gracias a las mediadoras interculturales, sobre todo cuando surgen dificultades en la intervención (NEE, conductas disruptivas, consumo de tóxicos…).

Pero a veces los chicos no quieren, o las familias no quieren, o son infructuosas… o peor: madres que no son las verdaderas madres, expectativas familiares que no se ajustan a la realidad del menor en España, desconfianza, miedo, incomprensión…

5. La lucha por “defender” su identidad cultural.

Junto con el idioma, la identidad cultural comprende aspectos como el sistema de valores y creencias, las tradiciones, los ritos, las costumbres o los comportamientos de una comunidad. Permite que las personas desarrollen un sentido de pertenencia hacia el grupo con el cual se identifican en función de unos rasgos culturales comunes. Generalmente está ligada a un territorio geográfico particular o a una nación, pero, y aquí está lo que me interesa, persiste en los grupos o comunidades que se encuentran fuera de su país, como los refugiados, los migrantes, los desplazados o los exiliados.

Si eres educador/a social de menores extranjeros tienes que esforzarte en estar al tanto y, sobre todo, en respetar su ¡qué digo su! SUS identidades culturales.

Conocer la situación sociopolítica y económica del país de origen, las costumbres, alejarte de prejuicios y evitar la aculturación y el relativismo cultural: nuestra cultura no es mejor ni superior, solo es distinta.

En mi lugar de trabajo llegaron a convivir hasta 7 nacionalidades diferentes y no todas africanas, y tengo que decir que fue una gran época en cuanto a cooperación e interacción entre iguales y con el equipo educativo.

Esta parte de la intervención, la de la integración sin imposición, es terriblemente complicada porque, como ya he dicho antes, muchos chavales lo viven con una pérdida y una renuncia que no quieren ni aceptan, lo que provoca la reafirmación (hostil) en su cultura y tradiciones e incluso el rechazo de la de acogida. Pero es que debe ser difícil, y aquí entra en juego nuestra capacidad de expresar empatía, no sentirlo de otra forma.

6. La presión por convertirse en un ser humano “legal”.

Una diferencia clave y la más discriminatoria de todas: los menores extranjeros no acompañados tienen que regularizar su situación administrativa, es decir, tiene que obtener una autorización de residencia para vivir en España, algo que los tutelados españoles no sufren.

Aunque la ley indica que esto es “automático” (por el hecho de ser menor y a pesar de que se haya entrado de forma irregular al país), de automático tiene poco. Sobre todo, si no hay pasaporte o no está en vigor.

En este caso, las compañeras/os trabajadoras/es sociales comienzan una lucha que puede durar años y que no siempre ganamos (tienes el proceso detallado en mi post «Los ‘papeles’ de los MENA, CUANDOS SER EXTRANJERO PESA MÁS QUE SER MENOR«).

Una lucha para nosotros y un infierno para los chavales. El estrés que sufren por salir de la residencia con la documentación en regla es demasiado para cualquiera, más para personas adolescentes sin apoyos familiares ni económicos en un país extranjero.

7. Encontrar trabajo es su objetivo principal.

Esto va ligado al punto anterior: sin un trabajo a jornada completa y de un año al cumplir 18 años, no podrán renovar su permiso de residencia y trabajo (si es que se les ha concedido siendo menores). Así que el conjunto del proceso de intervención irá enfocado principalmente a todo aquello que tenga que ver con acceder a un puesto de trabajo. Un menor tutelado nacional, a pesar de las limitaciones que también padece, tiene, sin embargo, más opciones: reunificación familiar, acogida, continuar estudiando…

Cuando los chavales se marchan, apenas están formados y los trabajos a los que pueden postularse son precarios, y siempre hay quien se aprovecha de ello. Estos chicos, que algunos acusan de venir a «robar» el trabajo a los jóvenes españoles, en la mayoría de casos, y aun con la suerte de haber encontrado trabajo, están abocados a ser la mano de obra barata, por no decir esclava, de la Europa del siglo XXI.


Seguro que hay más diferencias, así que te animo a dejarlas en comentarios, pero también hay semejanzas: los adolescentes extranjeros tutelados son eso, adolescentes y este debe ser el punto de partida de cualquier intervención.

Si te ha gustado, dale y comparte. ¡Gracias!

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