11 elementos clave de la intervención socioeducativa con Adolescentes Migrantes sin referentes en nuestro país

¿Qué ocurre dentro de un centro de protección de menores extranjeros no acompañados? ¿Qué hacemos las y los educadores sociales allí? ¿Cómo es la vida de un niño, niña o adolescente sin referentes familiares en nuestro país?

Si te interesa saberlo, este es tu post, sigue leyendo:


Educador/a social y Menor Extranjero No Acompañado

De un tiempo esta parte, los jóvenes migrantes sin referentes familiares, los popular y deshumanizadamente conocidos como MENA, ocupan un espacio importante en los medios de comunicación.

Se han convertido en una mercancía política que se utiliza para generar odio, miedo, racismo y votos.

A la vez, y porque trabajamos con y para ellos, la figura del/la educador/a social empieza a ser más conocida aunque todavía no reconocida (y lo que nos queda).

Pues bien, antes de nada quiero dejar clara una cosa: Las y los educadores sociales no somos el instrumento social para que estos chicos no causen problemas. Para que sean discretos y no molesten. No somos herramientas de contención, ni podemos permitir que nos conviertan en ello.

Nosotros, por suerte, somos mucho más.

Somos el nexo entre su mundo y el nuestro. La parte tal vez más importante de su integración social y cultural.

Su primer contacto en profundidad con la sociedad de acogida.

De ahí que nuestra forma de trabajar y de acercarnos a ellos sean determinantes, en gran medida, de sus pensamientos y sentimientos hacia nuestra cultura.


Pero trabajar con adolescentes que migran solos no es fácil.

Algo que suele suceder es que los educadores/as sociales que desconocen el colectivo se sorprendan para mal cuando comienzan a trabajar con ellos: “desagradecidos” es la palabra que más se repite.

Ciertamente es una primera impresión, aunque no estoy de acuerdo. Las palabras que yo emplearía serían “disfraz”, “máscara” o “careta”.

Sobre todo a su llegada, se protegen a sí mismos camuflándose en un halo de indiferencia y desconfianza hacia todo y hacia todos.

Del mismo modo, su mochila previa (pobreza, guerra, abusos…), la adolescencia, el choque cultural y duelo migratorio y las falsas expectativas con las que cargan, se convierten en un catalizador perfecto de conductas de riesgo.

En este sentido, nuestras malas experiencias junto con prejuicios e ideas preconcebidas sobre el colectivo, perjudican el acompañamiento de los chavales.

Sin embargo, las conductas de no afrontamiento, disruptivas e incluso, en ocasiones, agresivas hacia nosotros no pueden convertirse en  condicionante o justificación de una mala praxis.

Y es que precisamente nuestra labor como educadoras/es sociales consiste en acompañarles regulando y modificando estos comportamientos durante el camino.

Además desde la perspectiva de la equidad: cada menor es único, parte de su propia casilla de salida y tiene unas necesidades distintas del resto.


¿Y qué priorizamos en la intervención?

A su llegada al recurso residencial, ya os digo que es más que probable, que (agravado por las dificultades de comunicación derivadas del idioma) el menor se muestre desconfiado, reacio y, en general, poco dispuesto a colaborar en cualquier cosa que propongamos.

¿Se le puede reprochar?

Vamos a ponernos en su piel durante unos segundos: Imagina que eres un adolescente y abandonas tu casa y a tu familia, realizas un viaje peligroso e ilegal a otro país (muy distinto al tuyo y donde se habla otro idioma), nada más llegar te coge la policía, te cachea y te interroga como si fueras un delincuente y te envía a un “centro”: un lugar con muchas normas y restricciones donde unos extraños comienzan a darte indicaciones de lo que debe ser tu vida.

Y más teniendo en cuenta que lo único urgente e importante para estos chavales es regularizar su situación administrativa para poder trabajar.

Parte de nuestra tarea será poner en su lista de prioridades otras cuestiones, más allá de conseguir los “papeles”.

Los elementos clave del programa socioeducativo:

1. La acogida

El día que el menor se incorpora al que va a ser su hogar durante un importante periodo de tiempo es fundamental realizar una buena acogida.

Con calidez, respeto y protección.

Sería muy positivo diseñar nuestros propios protocolos de acogida, adaptados al colectivo y teniendo en cuenta la dificultades del idioma y, a ser posible, contando con la figura del Mediador Intercultural.

De una buena acogida dependerán la actitud y conductas más inmediatas.

2. Aprendizaje del idioma y cultura del país que acoge

La clave, sin lugar a dudas, de la integración social y cultural es el manejo del idioma.

Hay que potenciar el aprendizaje del castellano y lenguas cooficiales (en la Comunidad Valenciana, el valenciano), y contar en este proceso con los centros educativos, escuelas de adultos y cualquier otro centro formativo u ONG a nuestro alcance.

Pero también es necesario formarse en técnicas y estrategias que nos ayuden a la enseñanza-aprendizaje en el recurso.

No obstante, cuidado con el discurso de que el idioma es un obstáculo para su integración: no podemos crear igualdad de oportunidades a costa de eliminar la diferencia.

No caigamos en el asimilacionismo lingüístico ni en la aculturación, porque implican la negación de la propia cultura: dificultando la construcción sana de su personalidad y generando problemas de adaptación social.

Comprender su lengua y su cultura implica reconocer el valor de ellos mismos como personas.

3. Formación para la inserción laboral

Hay que procurar una buena orientación formativo-laboral y para la búsqueda de empleo.

Tendremos que desmontar muchas expectativas poco realistas: hay chavales que vienen, por ejemplo, a convertirse en futbolistas de élite.

También habrá que lidiar con la falta de interés y poner en valor la formación.

Y pelear con la prisa: quieren trabajar ya.

Parte de la tarea consiste en ponerles los pies en el suelo y hacerles ver que compiten con miles de jóvenes como ellos… pero de aquí.

Sabiendo que el choque entre sus expectativas y la realidad puede derivar en sentimientos de fracaso en su proyecto migratorio.

Y con respecto a los que consiguen empleo, veremos como algunos de ellos “se vienen arriba”: ¡Lo han logrado!

Curiosamente ocurre que con la llegada del tan ansiado trabajo, en vez de una mejora general de comportamiento y actitud dentro del centro, a veces se produce lo contrario.

Ayudemos a matizar. Porque lo difícil, como se suele decir, no solo es llegar, es mantenerse, y aún les queda mucho por recorrer: aprender a gestionar bien el salario, ahorrar, buscar (y encontrar) un futuro sitio donde vivir.

4. Prevención y deshabituación en el uso y abuso de tabaco, alcohol y drogas

No todos lo hacen, es más, son minoría. Porque su cultura y su religión castigan el consumo de alcohol, tabaco y drogas.

La curiosidad, la diversión, la pertenencia al grupo, la rebeldía y, sobre todo, la evasión de los problemas de la vida cotidiana: son motivaciones propias de la adolescencia que derivan en conductas de riesgo.

En todo caso, ser adolescentes unido al hecho estar solos es lo que les puede incitar a consumir. No por ser extranjeros.

En cuanto a las drogas, muy a tener en cuenta el consumo de inhalantes: baratos, de fácil acceso y con efectos muy peligrosos e inmediatos.

El consumo de inhalantes comienza muchas veces casi a la vez que su viaje a Europa; cuando se ven obligados a vivir en las calles de las ciudades fronterizas como Tánger, esperando una oportunidad para cruzar el Estrecho.

El disolvente se utiliza para evadir el miedo, el hambre y el frío.

Si tardan mucho en cruzar se generará una dependencia.

Hay chavales que llegan en un policonsumo activo, arrastrando los síntomas y efectos propios de las drogas, y dificultando la convivencia y la intervención. Otros comienzan a consumir aquí: el tiempo pasa y sus esperanzas se desvanecen.

Por todo ello, la coordinación con las Unidades de Prevención Comunitarias de Conductas Adictivas (UPCCA), y las Unidades de Conductas Adictivas (UCA) es fundamental.

Pero no se trata tan solo de derivar en la emergencia, sino de trabajar y consolidar en el centro las pautas ofrecidas desde estos servicios y, sobre todo, de desarrollar e implementar programas y proyectos de prevención propios.


En la actualidad, empezamos a tener conocimiento de casos de abuso de ansiolíticos, como el Rivotril.

El Rivotril es utilizado por las mafias para elaborar Karkubi, una droga que se fabrica mezclándolo con hachís y que es muy popular en los estratos sociales más desfavorecidos de Marruecos.

Un medicamento diseñado para rebajar la ansiedad con el que las mafias trafican y enganchan a los chavales en nuestro país.

5. Atención psicológica y salud mental

Hay menores que, o bien ya sufrían, o desarrollan problemas psicológicos y/o de salud mental.

No es raro que nos encontremos con chavales que padecen Duelo Migratorio extremo o Síndrome de Ulises: no es un trastorno mental pero sí es un estado de estrés severo que puede derivar en depresión.

El acompañamiento psicoemocional es fundamental, así como un rápido diagnóstico y derivación a las Unidades de Salud Mental Infantil (USMI).

Infancia dura, drogas y problemas de salud mental: un trío que, de no cortarlo, se retroalimentará y se afianzará en la juventud y la edad adulta.

6. Manejo del conflicto

El conflicto siempre surge, porque el conflicto esconde una necesidad.

  • Necesidad de aprender a gestionar y expresar sus emociones de una manera adecuada.

La incapacidad de autorregularse, contener los impulsos y reconocer los estados de ánimo también tiene mucho que ver con la adolescencia y con la situación de estrés en la que viven.

  • Necesidad de desarrollar habilidades sociales.

Como la empatía, el trabajo en equipo, la paciencia, la responsabilidad, el pedir ayuda, la resiliencia…

  • Necesidad de asimilar normas de convivencia.

Provienen de entornos socioculturales distintos de los nuestros, y además, por la singularidad del colectivo, desconocemos si la educación familiar recibida ha sido lo que nosotros consideramos “normalizada” o las normas y los límites familiares han sido inexistentes o, por el contrario, muy estrictos.

  • Necesidades intelectuales y/o cognitivas.

Es decir, dificultades para procesar la información: de memoria, concentración, razonamiento, TDHA… También déficits en la educación formal recibida.

  • Necesidades de salud.

Alimentación inadecuada o trastornos alimentarios, carencias sanitarias básicas: vacunas, salud dental, oftalmológicas… y, como se ha visto, de salud mental y consumo de tóxicos.

  • Necesidades afectivas.

Son niños, niñas y adolescentes que ESTÁN SOLOS.

Resolver el conflicto requiere del/la profesional:

Empatía: ponernos en su lugar.

Temple: mantener la serenidad.

Negociación: llevarlo a nuestro terreno.

Paciencia: esperar el momento adecuado.

Confianza: en el menor y en sus capacidades.

Devolución de responsabilidades: haciendo una reflexión.

7. La familia

Suelen mantener contacto con la familia por teléfono o Internet.

Las familias son un apoyo fundamental y afectivo necesario, pero también pueden convertirse en un factor de presión y malestar emocional importante porque temen decepcionarlas.

Algunas familias presionan para que sus hijos manden dinero.

Hay familiares que se ponen enfermos, nacimientos, fallecimientos. Fiestas y celebraciones.

Y ellos están solos y lejos.

Trabajar desde las residencias con las familias parece imposible: la distancia y el idioma lo impiden.

Pero en la era de Internet, quizá debamos buscar la forma de hacerles partícipes y conocedores de la realidad de la vida de sus hijos en España, y también, por qué no, para que echen una mano cuando se desvían del camino.

8. Talleres educativos, de habilidades socioemocionales, autonomía y ocio

El taller se constituye en la actividad más importante desde el punto de vista del proceso pedagógico, pues además de conocimientos aporta experiencias de vida que exigen la relación de lo intelectual con lo emocional y activo e implica una formación integral del alumno.

Nidia Aylwin

Las posibilidades son infinitas. Entran en juego nuestras ganas y creatividad.

Los talleres, formativos pero también recreativos, han de formar parte de la rutina diaria y la programación del centro.

Y es importante hacer un buen diseño: formal, sistematizado y que se pueda reutilizar.

9. Promoción de la igualdad de género y la diversidad afectivo-sexual

Que el planeta es una inmensa sociedad patriarcal es indiscutible. El patriarcado es un sistema creado para sostener la dominación del hombre y la subordinación de la mujer, fundamentándose en falsas creencias que afirman que los hombres son superiores a las mujeres.

No obstante, existen grados y diferencias entre países.

En los países de origen de los menores extranjeros no acompañados, la educación que reciben niños y niñas provoca que asuman papeles y roles sociales altamente diferenciados.

No es casualidad que el porcentaje de varones MENA en España sea muchísimo mayor que el de mujeres. Ellos asumen el papel del proveedor familiar: son los que deben contribuir económicamente para sostener a la familia. Ellas son las cuidadoras.

En los recursos esto se traduce en comportamientos machistas, como ignorar las indicaciones de la educadora (por ser mujer) o comentarios de reprobación por enseñar las piernas.

Pero evolucionan.

El rechazo inicial y la incomprensión se convierten con el tiempo en respeto, y con más tiempo y más trabajo comienzan, aunque sea tímidamente, a interiorizar la obligatoriedad de una sociedad en la que las relaciones hombre-mujer sean igualitarias.

En lo relacionado con la diversidad afectivo-sexual, es esencial prevenir e intervenir en la LGBTI+ fobia y el acoso entre iguales.

Todavía en sus países de origen se condenan las orientaciones sexuales distintas a la heterosexualidad, considerándolas una enfermedad mental, una enfermedad contagiosa y castigándolas con penas de prisión y violencia. Este tipo de situaciones dan lugar a problemas en el desarrollo de una identidad sana.

10. Prevención de la trata de personas

Estos chavales son muy vulnerables a ser captados por mafias criminales, ya sea mientras son menores y viven en la residencia o habiendo cumplido los 18 años y fuera de ella.

Saben donde encontrarles: en los alrededores del centro, plazas, parques y zonas con acceso WIFI gratuito.

Incluir la prevención de la trata de manera transversal en el proyecto de la residencia es absolutamente necesario.

11. Apoyo y sensibilización de la comunidad

En el caso de los magrebíes, no es difícil encontrar en nuestros pueblos y ciudades comunidades bien integradas a las que implicar.

Asimismo, podemos buscar el apoyo y la experiencia de asociaciones y ONGs especializadas en el colectivo inmigrante.

Estas relaciones pueden facilitar el (re)contacto de los menores con su cultura y con referentes adultos positivos. También con jóvenes que han pasado por lo mismo que ellos.

Y a nosotros nos sirven para incrementar nuestra compresión de sus hábitos y costumbres, mejorando la conexión menor-educador/a.


Por otro lado, no podemos pasar por alto la alarma social generada alrededor de los adolescentes, niños y niñas migrantes.

Desafortunadamente, “ser un MENA” en España para algunos se ha convertido en sinónimo de delincuente.

Sería genial poner en marcha campañas de sensibilización comunitaria, a través de las redes sociales y con la colaboración de los medios de comunicación locales, para dar a conocer nuestro trabajo y sus dificultades, así como ejemplos positivos de integración.

El problema: que la protección inherente al hecho de ser menores los convierte en invisibles para la sociedad, al menos desde nuestro lado.

Para terminar

Creo firmemente que nuestras intervenciones han de ser motivacionales y que nuestro trabajo es, por encima de todo, emocional.

Porque estos chavales viven sometidos, por las especiales circunstancias de su vida, a una desmotivación continua.

Las consecuencias a las conductas y comportamientos inapropiados son necesarias para posibilitar la convivencia en los recursos residenciales y, por supuesto, generan aprendizajes, pero no funcionarán por sí solas.

Castigos negativos y refuerzos nos resultan fáciles y útiles por su inmediatez, pero no son herramientas efectivas con todos los menores ni en cualquier contexto. No si buscamos cambios de actitud y comportamientos duraderos, a largo plazo.

¿Qué hacemos entonces?

La parte difícil de nuestro trabajo consiste en poner en práctica las denominadas estrategias flexibles de intervención socioeducativa:

  • Conocer a fondo sus contextos. Individualizar.
  • Practicar la flexibilidad (no la permisividad) a la hora de ejecutar los programas.
  • Analizar. Las malas conductas son síntomas. Busquemos las causas, el origen, la necesidad.
  • Atender nuestra relación: crear, cuidar y mantener el vínculo. Pero sin perder de vista que el vínculo debe ser la herramienta que permita la labor socieducativa, no el fin en sí mismo.
  • Acompañar con el ejemplo. Saquemos partido de nuestro rol, convirtámonos en sus referentes sin perder la perspectiva.
  • Dejar que participen en las tomas de decisiones y sean los protagonistas de su vida.




Por ellos

Los menores extranjeros no acompañados son un colectivo tremendamente vulnerable.

Su juventud les da fuerza, coraje y la suficiente inconsciencia para iniciar un peligroso proyecto migratorio solos, sin progenitores ni otros adultos.

Pero esa misma juventud les expone a convertirse en carne de cañón de las mafias criminales y de la trata de personas.

Poco o nada saben de la realidad a la que se enfrentan una vez llegan a la tan anhelada Europa.

Sin embargo, pronto se darán cuenta de que el estigma social, el racismo institucional y la xenofobia conviven con ellos desde el principio y en todas partes.

Los profesionales de la Educación Social somos, de entre todos los actores cualificados para trabajar con ellos: el más cercano, el más constante y el que más facilidad va a tener para vincularse con ellos y convertirse en su referente.

No podemos dejarnos cegar por los prejuicios.

Las conductas desadaptativas y conflictos a los que nos vamos a enfrentar tienen más que ver, aunque se disfracen de religión y cultura, con la etapa evolutiva en la que se encuentran y con la pérdida de referentes.

No con el hecho de ser extranjeros.

Sé que es difícil.

Sé que vamos siempre apagando fuegos.

El Sistema de Protección de Menores no es perfecto.

Las Fundaciones y Asociaciones sobre las que se externaliza el acogimiento y tutela tampoco.

El Protocolo Marco no se cumple y las Comunidades Autónomas van cada una a lo suyo.

La Ley es un laberinto más preocupado en contener que en proteger.

El resto de actores también ha de asumir su responsabilidad: trabajadores/as sociales, psicólogos/as, médicos/as, profesores/as, funcionarios/as…

¿Y después del centro qué? ¿Nuestro trabajo cae en saco roto?

Hay un refrán que dice “Quien sabe lo que siembra, no le teme a la cosecha”

Somos educadoras y educadores sociales.

Llamadme idealista.

Ellos no lo saben.

Pero el viaje de sus vidas empieza cuando llegan aquí.

Y tenemos la suerte de estar en su camino.

Participa, educa.

Cambiemos el mundo.

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