Prisión permanente revisable y educación social: una visión personal

“Ojo por ojo y el mundo acabará ciego” Gandhi

El tema del la prisión permanente revisable es un berenjenal en el que he estado dudando entrar. ¿Debo posicionarme como educadora social? En ese caso digo no a la prisión permanente revisable.

Sin embargo, si me preguntas como madre, después de lo vivido esta última semana, te diría un rotundo, violento y lleno de rabia sí.

Supongo que es así como nos sentimos algunos. Divididos ante una ley que me parece inútil e innecesariamente cruel por un lado, y unos delitos de una brutalidad bestial que me provocan una repugnancia absoluta.

Son muchos los juristas y expertos que estos días nos recuerdan que España tiene uno de los códigos penales más duros de Europa y una de las tasas de delincuencia más bajas.

Y más importante, que la prisión, primero permanente, es decir para siempre, y luego revisable, ojo, ya se verá… no es disuasoria. Tenemos un buen ejemplo en los EE.UU.

No obstante, qué madre o padre deja de empatizar con los que están hoy en su particular lucha en memoria de sus hijas e hijos.

A pesar de esto, si algo caracteriza a la educación social es el convencimiento de que cualquier persona es susceptible de mejora por medio de la educación.

La educación es un factor de protección contra otros muchos de riesgo que nos rodean.

¿Y no debería ser la educación social garante de la condición de ser humano de aquél o aquella que la pierde por los delitos que comete?

La educación social cree en la reinserción. Y las instituciones penales, tal y como establece la Constitución, no son espacios para la venganza, sino lugares para tratar de recuperar esa humanidad perdida y devolver personas íntegras a la sociedad.

Pero aun así, la duda surge: ¿Las personas que cometen delitos tan terribles serán capaces de reinsertarse?

Y los educadores sociales ¿seremos capaces de amparar su reinserción?

¿Quiénes deciden que estas personas están listas para volver a la sociedad?

¿Y si no lo están, y si no son capaces?¿Cuál es su sitio?

Porque si el objetivo del presidio es la reinserción, pero no lo logran, entonces la cárcel no debe ser lugar para ellas.

Quizás nos hacen faltan distintos instrumentos, distintas instituciones, otros profesionales y sobre todo, voluntad.

Quizás los políticos deberían emplear sus esfuerzos y nuestro dinero en pensar y encontrar otras opciones para tratar de evitar este horror desde la prevención, y no desde el odio y las represalias.

Castigo sí. Venganza no.

Ni con mil años pagarían entre rejas por lo que han hecho.

Porque nada vale, nada se puede equiparar a la vida humana.

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