Sinhogarismo

El 28 de noviembre es el Día Mundial de las Personas Sin Hogar. Los “sin hogar” son invisibles para la sociedad. Pasamos al lado de ellos y los miramos, pero muchas veces no los vemos. Porque es más fácil ignorarlos. Nos resultan personas incómodas, molestas. En ocasiones les culpamos: “Algo habrá hecho”. Otras veces lavamos nuestro sentimiento de culpa con una moneda. Hay quien les agrede, llegando por desgracia, en algunos casos, a la muerte.

Las personas sin hogar, los que viven en la calle, no solo carecen de un techo en el que guarecerse. Las palabras “sin hogar” apuntan a otro tipo de carencias si cabe más importantes: son las emocionales, relacionales, familiares… es decir, las afectivas.

En los últimos años, el perfil de las personas sin hogar ha ido evolucionando. Ahora el nivel educativo y cultural es más alto, se va equiparando el número de mujeres al de hombres, hay un incremento de gente joven, aparecen grupos familiares completos, todo esto junto con inmigrantes y enfermos mentales crónicos. No parece una buena noticia ¿no?

Los factores de riesgo para llegar a ser un “sin techo” son:

Conductas y causas personales: adicciones (drogas, alcohol), problemas de personalidad y/o de salud mental…

Componentes afectivos: divorcios, violencia en el hogar, problemas familiares…

Insuficiencia de recursos económicos: paro, trabajo precario, falta de vivienda (p.ej. vivienda que se queda uno de los cónyuges tras el divorcio).

Todos estos elementos encadenados pueden dar lugar a la exclusión laboral, social y personal. Esta última entendida como la desmotivación, la desconfianza y no encontrarle sentido a la vida.

¿Cómo, cuándo y por qué puede alguien llegar a convertirse en una persona sin hogar?

Si hacemos un cóctel con los factores de riesgo y añadimos un suceso desencadenante: un fracaso afectivo, la pérdida del puesto del trabajo, un enfrentamiento familiar (con el padre normalmente), traumas, acontecimientos inesperados, migración, guerra… Ya tenemos los ingredientes necesarios para iniciar un proceso que puede llevarnos a la calle. Sin nada. Y lo peor, sin nadie. Sin red de apoyo.

Los educadores sociales, dentro de un equipo interdisciplinar, podemos atender a estas personas, siempre desde el reconocimiento de su condición de ciudadanos y ciudadanas de pleno derecho. Existen lugares como los comedores sociales, centros de noche, albergues, centros de incorporación social y servicios de máxima proximidad donde se prestan servicios a las personas sin hogar.

La intervención social en estos casos debe tratar de favorecer los procesos de incorporación social de cada uno/una de forma personalizada. Debe realizarse un acompañamiento estable con atención continua e integral. Asimismo se debe fomentar la autonomía personal y la capacidad de decisión de estas personas.

Lo que pasa es que muchas veces estos centros están sobrepasados. Escasez de personal, falta de plazas, mala coordinación institucional, disminución de las subvenciones, imposibilidad por parte de los usuarios/as de cumplir con las normativas de los centros (p.ej. el empadronamiento es necesario para acceder a los derechos básicos, se exigen horarios, o se prohíbe acceder con animales) o diversidad de patologías (adicciones, problemas mentales…), entre otras, son algunas de las causas de que estas personas no reciban toda la atención y el apoyo necesarios.

Ante esta falta de recursos es necesario que toda la ciudadanía participe en el proceso de reintegración de estas personas.

¿Qué podemos hacer el conjunto de la sociedad?

Podemos ser conscientes de que hay muchos y variados motivos por los que alguien puede llegar a convertirse en una persona sin hogar. Podemos concienciarnos de su situación y de este modo ayudar a darles visibilidad. Es un problema social que hay que solucionar. Nadie debería dormir en la calle. ¿Dónde queda para ellos el acceso a la educación, a la vivienda digna, o a la sanidad? Muchas de estas personas no tienen ni tarjeta sanitaria. ¿Dónde queda su derecho a la intimidad? Exijamos al Gobierno que se respeten los derechos de estas personas y que se pongan los medios y recursos necesarios.

También podemos ayudar a través de voluntariados. Hay grupos de voluntarios que recorren las zonas donde habitualmente se encuentran las personas sin hogar. Se trata de compartir con ellas algo caliente. Esa es la excusa para conversar, dar una tregua a la soledad y establecer una relación de igual a igual. Devolverles un poco de confianza y amor propio.

A través de donaciones. Ya sea dinero, ropa o comida. Lo único que no llega es lo que no se da.

Dando aviso a los servicios de emergencia, policía o ayuda local.

Siendo amables, ofreciendo ayuda.

Y es que siempre se puede hacer algo. Siempre podemos cambiar el mundo.

Participa, educa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

Un sitio web WordPress.com.

Subir ↑

educación familiar

ideas para fortalecer a tus hijos e hijas

Adrian Gaston Fares

Disfrutá de leer las nuevas novelas, cuentos, poemas y artículos del escritor y director de cine Adrián Gastón Fares.

ME CUIDO

UN blog donde hablamos de sexualidad, gestación y autocuidados.

Jon Ícaro

Blog del escritor Jon Ícaro

A %d blogueros les gusta esto: